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reflexiones

Embarazo

Revolución hormonal en el embarazo

19 agosto, 2015

Hace mucho tiempo que no escribo una entrada en plan reflexión. Y es que hoy no sé que me pasa. Fijaos si estoy rara, que estoy publicando a una hora a la que jamás publico. Y encima, estoy en el trabajo. Pero necesito escribir. Si no queréis verme echando pestes de un día como hoy, mejor no sigáis leyendo.

Esta mañana decidí ir a yoga. Creo que ha sido un gran error, porque no he tenido tiempo de descansar lo suficiente, ya que esta semana estoy trabajando de 13 a 21h. Un horario de mierda, vamos. Total, que yoga me ha dejado más KO de lo que estaba aún, porque cuando voy, me duele todo.

Ahora mismo quiero llorar, pero es que antes me he vuelto una energúmena con un compañero de trabajo. A ratos también me río, si.

El caso es que cuando estoy tan cansada, se me va la pinza totalmente. Me dan ganas de tirarme al suelo, patalear, lloriquear. Me duele la puñetera espalda y paso 8 horas en una silla de 35€ de Ikea (os pongo hasta el link para que veáis la soberana mierda sobre la que pongo mi hermoso pandero), y es que encima por la noche no descanso porque en la cama también me duele la espalda.

Por las noches me enrosco en mi cojín de lactancia al que muy cariñosamente llamamos Winnie (porque tiene un estampado horrible de Winnie the Pooh, personaje que odio a más no poder), y creo que si no lo tuviera, aún dormiría peor. Pero entre que me está empezando a costar cambiar de postura, que boca arriba empiezo a no estar nada cómoda, y que hacia el lado derecho me da miedo dormir… no os digo más. Y eso si no me despierto con los brazos dormidos, o a mear, o simplemente, como anoche, a sentarme un rato en la cama porque no podía con el dolor.

Si. Sencillamente, esta es una entrada quejicosa, sin motivo alguno. Solo quiero irme a casa, llorar un ratito (que a veces se agradece) y comerme lo que maridín haya preparado para cenar (anoche hice un tremendo esfuerzo en comerme un mini trozo de salmón sin que me dieran arcadas). Quiero relajarme en mi sillón, también del Ikea pero mucho más guay, con mis cojines y conectar con Bichito.

Me he dado cuenta de que estoy tan mal que prácticamente no le he notado hoy, y sé que es por mi actitud. Maridín me lo ha dicho ya “no puedes estar así, piensa en él”, pero oye, es que no puedo con mi cuerpo. El cojín que me traje de casa y tengo puesto en las lumbares, ayuda, pero no es la solución.

No dejo de pensar en diciembre. El mes en el que nacerá mi polluelo, mi niño, mi principe. Sueño con momentos solo nuestros. Caricias, besitos, mimitos. Y es que este niño va a tener tanto amor…

Y creo que hasta aquí, porque como siga escribiendo igual no paro y paso de la locura transitoria al ñoñismo máximo. Mañana más, que os traigo otra historia real de infertilidad.

¿Alguna vez me he despedido con un beso? ¿No? Pues hoy si, porque soy así, se me va, ¡y punto!

¡Muak!