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Maternidad

Empezamos el último año de guardería

Llevo a Bichito a una guardería privada porque cuando intentamos acceder a una pública, nos quedamos fuera. Y lo que tienen las guarderías privadas a parte de costar un riñón, es que hay clase 11 meses al año.

Sí, eso es. Bichito sólo ha estado el mes de agosto sin ir a la guardería y aún así, ha sido todo un trauma volver a las aulas.

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Maternidad

Cartas a mi bichito – VIII

Hola Bolita,

Te estoy escribiendo esta carta y ni siquiera sé si aún estás ahí.

En las betaesperas de tus hermanos pensaba “hoy tendrá 7 días, hoy 8, quizás esté implantando”, pero contigo, no puedo ni pensarlo. Los biólogos me quitaron esa ilusión el día de la transferencia.

Pero aunque exista la posibilidad de que ya no estés conmigo, de que dejases de evolucionar, simplemente has estado ahí, y lo más asombroso, aguantaste la descongelación y me diste un jueves muy feliz, en el que superé el miedo de la no supervivencia de Bonito.

Eres la última esperanza de nuestra primera FIV, por lo que te ruego que te quedes con nosotros.

En cada betaespera se me rompe un poco más el corazón, pero en cada betaespera descubro nuevas facetas que tenía ocultas y sentimientos mucho más maduros. Porque a estas alturas he llegado a entender que, si un embrión tiene que quedarse, lo hará, tenga la calidad que tenga.

Que las lágrimas no hacen que me embarace (ojalá, tendría un equipo de fútbol a mi cargo ya), pero que el buen ánimo ayuda a seguir adelante.

Bolita, pequeñín, haz lo que tengas que hacer, o lo que puedas. Estoy contigo ahora, y siempre, sea como sea.

Te quiere, mamá.

Maternidad

Cartas a mi bichito – VI

Hola Bonito, hola Campeón,

Hoy me dirijo a vosotros, que ya tenéis nombre e incluso fecha aproximada de viaje hasta mamá. En el mes de febrero dejaréis los mundos fríos de ese congelador en el que habitáis para estar calentitos en mi útero.

Petri no logró quedarse conmigo, y aunque me siga doliendo su ausencia, ya estoy ilusionada por teneros dentro de mí. Petri siempre tendrá un huequito en mi corazón, y aunque para algunos sea difícil de entender, “jamás tuvo un corazón“, “es imposible que te diera tiempo a encariñarte“, “un embarazo bioquímico es lo más común, no fue nada“, una parte de mí sigue estando triste por no seguir teniendo ese embrión implantado.

Comprendí, no hace mucho, que todo esto por lo que estoy pasando está dejándome marcas, cicatrices. Las cicatrices son así, aunque a veces nos olvidemos de ellas, siempre están ahí. ¿Cómo voy a olvidar mi primera, única y corta sensación de embarazada?

Pero estoy preparada. Tengo infinitas ganas de que estéis conmigo, mis pequeños embriones del Polo Norte. Sólo os pido una cosa. Tened fuerza, superad la descongelación, ¡seguid desarrollandoos!

Yo os prometo un útero bien curtido, y una estancia, como mínimo, lujosa. Os prometo el Sol y la Luna. Os prometo que vuestra vida será una fiesta. Pero por favor, quedaos conmigo. ¡Es muy simple! Sólo tenéis que agarraros bien y dejaros llevar.

Como son las cosas, ¿verdad? Aún estáis congelados y ya tengo sentimientos hacia vosotros. Es imposible no quereros, y es que sois una parte de mí. Sois una versión primitiva de lo que podrían ser mis hijos, mis niños.

¡Imposible no soñar!

Empieza la cuenta atrás, bichitos, ¡ya llega el día!

Os quiere, mamá.